martes, 14 de mayo de 2019

A Santos Mañes



Carta a Santos Mañes

Querido abuelo,

Soy tu nieto Carlos, uno de todos esos nietos a los que no pudiste abrazar. Soy el hijo de Carlitos, como te referías a mi padre en tu carta de despedida, desde la cárcel de Porlier, donde te recluyeron tus asesinos, los que te darían muerte después de haberte achacado el delito de adhesión a la rebelión. No cabe mayor cinismo que los sublevados os tacharan de rebeldes a vosotros, a quienes hicisteis todo lo posible para defender al legítimo gobierno, el de la República.

Tu carta, a la que he tenido acceso hace escasas semanas, me ha conmovido profundamente. La serenidad que demuestras en tus últimas horas de vida es extraordinaria. Tu conciencia tranquila por el deber cumplido. Tu asunción de que la defensa de la legalidad en los puestos que te encomendaron te cuesta la vida, lo que te llena de orgullo. Tu actitud es admirable y te sitúa a años luz de tus verdugos, en términos de valores, de honestidad y valentía, y deja el listón muy alto a quienes llevamos tu apellido.

Tu muerte dejó tanto dolor a tus hijos, que apenas hablaron de ti en toda su vida. Hasta hace bien poco, sólo sabía que te habían matado al finalizar la guerra. Que tenías una imprenta en Madrid, en la calle Conde Duque, donde te dedicabas a imprimir libros de texto para una orden religiosa. Que los mismos que te daban el trabajo te propusieron comprarte la imprenta y que tú fueras su testaferro. Que como te negaste, dejaron de darte trabajo y te arruinaron. Y poco más. Cuando preguntaba a mi padre más detalles sobre ti, se cerraba de dolor, y yo no me atrevía a ahondar, porque hay que respetar el dolor de quien te perdió cuando sólo tenía 9 años.

Después de décadas de silencio, hace poco más de dos años me propuse derribar esa barrera e indagar sobre ti. Las tecnologías de este siglo me han permitido avanzar rápidamente. Tu nombre sale en varios archivos, también en algún libro. Pude averiguar la fecha de tu nacimiento, la de tu muerte, que ni eso sabía, y he tenido acceso a los sumarios de la farsa legal a la que te sometieron. Todavía me falta mucho por investigar, pero ya tengo pistas que me permitirán seguir sabiendo de ti. Porque, aunque no te conocí, te añoro, porque crecí sin ti, cojo de un abuelo.

Tus muchos hijos salieron adelante, y mi padre siempre menciona con mucho agradecimiento a Doña Pilar, la médico de la Cruz Roja que los atendía. Ella se preocupó de buscarles sitio en un internado, y de que estudiaran algunos años, pocos, hasta que la necesidad les obligó a ponerse a trabajar, desde muy jóvenes.
Tu hijo Carlitos heredó de ti el oficio: trabajó hasta su jubilación en imprentas. Yo creo que saqué de ti, y de mi padre, la pasión por las letras, aunque mi madre, Julia, me cuenta que me viene de tu mujer, Dolores, que te sobrevivió veinte años. A tus nietos nos ha ido mejor que a tus hijos, gracias a su sacrificio, porque invirtieron su vida literalmente en nuestra educación. Debes saber que tienes nietos que son ingenieros, economistas, abogados, investigadores, arquitectos… Yo heredé de ti la pasión por la política: estudié sociología, y soy delegado sindical en la empresa en la que trabajo. Tal y como pedías a tus hijos en tu carta que llevaran sus trayectorias, sin yo saberlo hasta ahora, he procurado hacer: “con la brújula puesta hacia la clase trabajadora”.

Me gustaría poder contarte otra historia, pero desgraciadamente los fascistas se quedaron durante décadas con el poder. Hasta 1975 no murió el dictador, y sólo entonces se inició una transición hacia una democracia parlamentaria. Hecha bajo la bota de los militares, las heridas de la guerra se saldaron con una amnistía para los asesinos y el olvido para las víctimas. En lugar de abrir las fosas y osarios, y levantar las cunetas donde yacíais y seguís yaciendo, para honraros con digna sepultura, se optó por echar más tierra encima: la que acumula el tiempo.

Muchas otras personas me precedieron en la búsqueda de sus familiares asesinados y, gracias a ellos, he podido participar, el 13 de abril de 2019, en un acto de homenaje a todos quienes fuisteis asesinados en la tapia del Cementerio del Este, en Madrid. Mi intervención, contando tu historia, fue una manera de romper el muro de silencio que te rodeaba, y de reivindicar tu honestidad y tu sacrificio: “Por una sociedad mejor luché y caí”, decías en tu carta de despedida. Espero que el memorial en el que se está trabajando, próximo al lugar donde falleciste, sea pronto una realidad que sirva para rescataros públicamente del olvido al que algunos os querían condenar.

80 años después del fin de la guerra, los familiares de las víctimas todavía seguimos luchando para rescataros del olvido en el que los herederos políticos de vuestros asesinos os pretenden mantener sepultados. No lo conseguirán. Pasaron entonces, pero esta vez no pasarán.

80 años después, seguimos en la lucha, querido abuelo Santos.

Carlos Mañes a Santos Mañes Mañes

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