miércoles, 8 de mayo de 2019

A Feliciano García


Carta a mi abuelo:


En Madrid a 7 de mayo de 2019

     Llegué a Madrid y todo era nuevo, libre, bonito, grande…..deslumbrante.
Caminaba sus calles y empezó a flotarme una pregunta en el aire, una pregunta profunda, honda, ardiente y cada vez más desesperada y mas ávida. ¿Quién fuiste? ¿Cómo eras? ¿Por qué calles paseaste? ¿Dónde viviste? ¿Cómo mirabas? ¿Cómo sonreías? ¿Qué te pasó?
La avidez de cada pregunta alimentó otra, y otra, y otra más; así hasta llegar a todas.

    Un día oí mi nombre en silencio, caminando, perfumado de pasado y limitado por las nubes de Madrid.
Era tu grito fuera del tiempo, desafiando a las décadas y clamando a la mujer a la que amabas. Mujer que tenía mí mismo nombre y era mi abuela. Supe que eras tu y que me elegias para buscarte y para encontrarte.

Hoy me veo escribiéndote ABUELO, pero nunca dejo de desafiar a los años, a la vida y a los malos, hablando pausadamente contigo. Tan a menudo lo hago, que ya formas parte de mí, sin haberte conocido.

   Y quiero darte una buena noticia. En casa todos seguimos amándote durante todos estos años. Y por fin tu nombre, quedara escrito atestiguando lo que te hicieron injustamente.
Podre pasar mis dedos por el hueco físico que formen las letras de tu nombre en una piedra. Como cada día que vivo en Madrid, respiro el aire y recibo la humedad del mismo ambiente que sirve de sepulcro a tus huesos ya deshechos.

Gracias abuelo, porque desde ti, pude terminar siendo yo.

Salud y Republica. 

Ángela de Paz a Feliciano García

Mi querida abuela Angelita

No nos llegó su carta, no quisiste que llegara. Nos quisiste limpias, sin odio, sin resentimiento alguno y pensaste que su lectura quizá nos enturbiara un poco la mirada clara que tú nos trasmitiste.
No quisiste que nos llegara.
Y en una noche como tantas, de soledad infinita, de amor infinito, de injusticia infinita, la destruiste.
Pienso mucho en esa carta, pienso mucho en tus silencios, en tu rabia sorda con los puños apretados, con los labios apretados y los ojos inundados.
Te pienso cada día y le pienso cada día.
Recuerdo cuando siendo muy niña me enseñaste el himno de Riego a escondidas y cuando me decías que cuando fuera mayor me lo contarías todo. Ni eso te dejo la vida, maldita vida.
Pero has ganado, has ganado a la injusticia, al odio, a la mala suerte, al olvido, a la vida.
Al final me enteré de todo, aunque hasta la muerte se aliara con el olvido para no  dejar que me lo contaras tú .
 Al final miramos de frente, sin odio, pero sin olvido, con la mirada limpia, como la de tus ojos grises.
Al final el abuelo Feliciano tendrá su homenaje en el lugar donde lo asesinaron y su memoria y su recuerdo vivirán siempre.
Al final también cantamos el himno de la República sin escondernos y se lo enseñé a mis hijas pensando siempre en ti.
Y al final por fin he entendido que la carta no nos llegara.

Gracias                                                                  

Marina de Paz a Ángela Benito

  



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