martes, 28 de mayo de 2019

A Antonio del Moral


Las cosas que nunca te dije

Las cosas que nunca te dije son esas que ni siquiera yo puedo explicártelas con palabras. Las cosas de los sentimientos, las cosas del amor, el cariño y la nostalgia, esas que se sienten desde lo más adentro.

Te recuerdo y te digo todo aquello que quizás no te dije, pero que sabías y respetabas, en esta carta de despedida. 

No ha habido día en el que no he agradecido el poder encontrarte en mi camino y conocerte. Porque aunque ya no seamos los mismos, aunque esta sea una carta de despedida, yo no lo considero, porque no quiero hacerlo y porque creo que decirte adiós para mi es algo imposible.

Tu hija

Elisa del Moral a su padre Antonio del Moral

A Emilio Labarga y Godofredo

 

A mi abuelo Emilio y a mi tío Godofredo
que murieron por la libertad

Quiero decirles gracias porque hoy en día soy una mujer libre y que mis hijos son libres.
Libres de hacer, libres de hablar, libres de pensar, libres de votar.
A ellos y todos cuantos dieron sus vidas por ese ideal lo debemos.
Qué nunca nadie lo olvide.

Iris Labarga-Leclerc a Emilio Labarga y Godofredo Labarga
Un abrazo desde Paris.

A Ernesto Fernández



Carta de los hermanos Ernesto y Francisco Fernández para acompañar en el Monumento a los 3.000 fusilados en las tapias del cementerio del Este


Querido papá, tus hijos queremos enviarte un abrazo filial y amoroso, ahora que se quiere perpetuar en forma de monumento el sacrificio inicuo de vuestras vidas. Aunque por nuestra edad ya casi estemos fuera de tiempo, algo nos alienta a decirte el dolor y la añoranza que dejó en nuestras almas el crimen que se cometió contigo, dejándonos eternamente huérfanos. Ojalá nos volvamos a ver pronto.

Paquito y Ernestín a su padre Ernesto Fernández.

domingo, 26 de mayo de 2019

A Raimundo Cadalso



Después de la fiesta

Terrassa, mayo 2015

            Me lanzaste una mirada, de improviso, y las copas se cayeron de mis manos. No sé por qué me sentí como atrapada en falta, tal te estuviese siendo desleal de algún modo. Y sin embargo tus ojos no mostraban crítica ni reproche, sino la proximidad y ternura que acaso siempre me hubieses dispensado. Un vidrio se me hincó en el pie, descubierto, y la sangre empezó a brotar tímidamente. Tan culpable me sentía que, abrumada, ni me percaté del cristal clavado ni de la sangre que resbalaba. Papá salió de la cocina: “¿qué ha pasado?, ¿os habéis hecho daño?” Le miré sin poder balbucear palabra y cual sonámbula avancé para ir a buscar la escoba pisando los cristales. “Pero ¡hija!, ¡te vas a hacer daño!” Súbitamente le cambió el semblante: “¡si estás sangrando!... ¡Deja!, ¡no te muevas!, ya lo haré yo”.
            Me quedé inmóvil, como poseída por un encantamiento. Te miré y vi que sonreías contemplándome, “no es nada”, te dije. Y asentiste en silencio. Papá llegó con el yodo y las gasas, se arrodilló y sentí un pinchazo. Me mordí el labio. Y fue entonces cuando tus ojos se volvieron vidriosos y el diario se deslizó de tu falda.
            Me acerqué y delicadamente te tomé en mis brazos. Tu cuerpo, ya inerte, despedía el calor tibio de tu imposible abrazo tantas veces soñado; me sentí infinitamente afortunada de estar allí y de poder cerrar tus párpados… Papá lloraba mientras que Mamá y la Yaya se aproximaban desde el pasillo. No permití que nadie me separase de tu cuerpo al que solté poco a poco conforme tus venas se fueron estancando y tus músculos adquiriendo rigidez.
            Así, Abuelo, he imaginado tu muerte, en casa, con nosotros, durante una mediterránea madrugada de noviembre. Así la hubiese deseado.
 En memoria de los  demócratas fusilados en el Cementerio del Este, Madrid

Isabel Cadalso a su abuelo Raimundo Cadalso

viernes, 24 de mayo de 2019

A Eugenio Mesón



Carta a nuestro padre y abuelo Eugenio Mesón Gómez

Queridísimo padre, el 3 de julio del 41, hace ya 78 años, te fusilaron frente a la tapia del cementerio del Este, tenías 24 años, una juventud esplendorosa, plena de vida y de proyectos solidarios y socialistas.

El fascismo te arrancó la vida junto a tu esposa, tu hijo, tu familia. Eras para entonces secretario general de la JSU, la unión de las Juventudes comunistas y socialistas y tu joven figura de dirigente político se había engrandecido en la lucha antifascista y republicana hasta convertirte en una  gran esperanza, el dirigente más brillante y de futuro para el Partido Comunista de entonces. Tu trayectoria política y personal, tu inteligencia y tu lucidez te convirtieron en un símbolo y un referente para todos los comunistas y luchadores republicanos.

Querido Eugenio, yo, tu hijo, apenas te conocí. Guardo en el fondo de mi memoria una imagen tuya en la cárcel de Porlier, con 3 añitos, tu cara sonriente levantándome en tus brazos. Pero te he conocido profundamente a través de los relatos de mamá, de la abuela Paca, de Valía, Cheli y Antonio y de tus camaradas que te adoraban. Creo que te conozco más profundamente que nadie salvo tu compañera, mi madre Juana Doña, y también a través de tus escritos, de tu Bloc de la cárcel y tu carta de capilla que guardo como algo sagrado. Y este conocimiento me ha hecho quererte tanto como si nunca nos hubieran separado. Tengo 81 años y te quiero profunda y amorosamente.
Y creo que he transmitido ese cariño y ese recuerdo a tus nietos Alexis, Lina y Sonia, coparticipes de esta carta, que te llevan en su corazón...y también tus bisnietos.

Tu querida compañera Juana Doña, dedicó su vida al Partido, a vuestros ideales y a ti y a preservar tu memoria. Tuvo una larga vida de lucha revolucionaria, también fue feliz con la familia, conmigo y con sus nietos. Tu y  ella, ella y tú, sois nuestros referentes. Te alegrará saber que todos seguimos vuestros pasos y vuestra ideología, también luchamos contra el franquismo y sufrimos prisión tus sobrinos y yo.
Y las nuevas generaciones vuestras siguen siendo revolucionarios, solidarios y progresistas. ¡Estarías muy orgulloso!

Y el mundo y la humanidad avanzan con dificultad y contradicciones. pero avanzan, aunque prosiguen desigualdades e injusticias y la lucha de clases continúa. Será aún largo, pero avanzamos.

Sólo decirte que sigues vivo entre nosotros y entre muchísimas personas y entre las nuevas generaciones. Yo, tus nietos y bisnietos y tu familia te seguimos queriendo con pasión. Hasta siempre papá y yayo. Nuestros besos!

Alexis, Alexis jr., Lina y Sonia a Eugenio Mesón


martes, 14 de mayo de 2019

A Santos Mañes



Carta a Santos Mañes

Querido abuelo,

Soy tu nieto Carlos, uno de todos esos nietos a los que no pudiste abrazar. Soy el hijo de Carlitos, como te referías a mi padre en tu carta de despedida, desde la cárcel de Porlier, donde te recluyeron tus asesinos, los que te darían muerte después de haberte achacado el delito de adhesión a la rebelión. No cabe mayor cinismo que los sublevados os tacharan de rebeldes a vosotros, a quienes hicisteis todo lo posible para defender al legítimo gobierno, el de la República.

Tu carta, a la que he tenido acceso hace escasas semanas, me ha conmovido profundamente. La serenidad que demuestras en tus últimas horas de vida es extraordinaria. Tu conciencia tranquila por el deber cumplido. Tu asunción de que la defensa de la legalidad en los puestos que te encomendaron te cuesta la vida, lo que te llena de orgullo. Tu actitud es admirable y te sitúa a años luz de tus verdugos, en términos de valores, de honestidad y valentía, y deja el listón muy alto a quienes llevamos tu apellido.

Tu muerte dejó tanto dolor a tus hijos, que apenas hablaron de ti en toda su vida. Hasta hace bien poco, sólo sabía que te habían matado al finalizar la guerra. Que tenías una imprenta en Madrid, en la calle Conde Duque, donde te dedicabas a imprimir libros de texto para una orden religiosa. Que los mismos que te daban el trabajo te propusieron comprarte la imprenta y que tú fueras su testaferro. Que como te negaste, dejaron de darte trabajo y te arruinaron. Y poco más. Cuando preguntaba a mi padre más detalles sobre ti, se cerraba de dolor, y yo no me atrevía a ahondar, porque hay que respetar el dolor de quien te perdió cuando sólo tenía 9 años.

Después de décadas de silencio, hace poco más de dos años me propuse derribar esa barrera e indagar sobre ti. Las tecnologías de este siglo me han permitido avanzar rápidamente. Tu nombre sale en varios archivos, también en algún libro. Pude averiguar la fecha de tu nacimiento, la de tu muerte, que ni eso sabía, y he tenido acceso a los sumarios de la farsa legal a la que te sometieron. Todavía me falta mucho por investigar, pero ya tengo pistas que me permitirán seguir sabiendo de ti. Porque, aunque no te conocí, te añoro, porque crecí sin ti, cojo de un abuelo.

Tus muchos hijos salieron adelante, y mi padre siempre menciona con mucho agradecimiento a Doña Pilar, la médico de la Cruz Roja que los atendía. Ella se preocupó de buscarles sitio en un internado, y de que estudiaran algunos años, pocos, hasta que la necesidad les obligó a ponerse a trabajar, desde muy jóvenes.
Tu hijo Carlitos heredó de ti el oficio: trabajó hasta su jubilación en imprentas. Yo creo que saqué de ti, y de mi padre, la pasión por las letras, aunque mi madre, Julia, me cuenta que me viene de tu mujer, Dolores, que te sobrevivió veinte años. A tus nietos nos ha ido mejor que a tus hijos, gracias a su sacrificio, porque invirtieron su vida literalmente en nuestra educación. Debes saber que tienes nietos que son ingenieros, economistas, abogados, investigadores, arquitectos… Yo heredé de ti la pasión por la política: estudié sociología, y soy delegado sindical en la empresa en la que trabajo. Tal y como pedías a tus hijos en tu carta que llevaran sus trayectorias, sin yo saberlo hasta ahora, he procurado hacer: “con la brújula puesta hacia la clase trabajadora”.

Me gustaría poder contarte otra historia, pero desgraciadamente los fascistas se quedaron durante décadas con el poder. Hasta 1975 no murió el dictador, y sólo entonces se inició una transición hacia una democracia parlamentaria. Hecha bajo la bota de los militares, las heridas de la guerra se saldaron con una amnistía para los asesinos y el olvido para las víctimas. En lugar de abrir las fosas y osarios, y levantar las cunetas donde yacíais y seguís yaciendo, para honraros con digna sepultura, se optó por echar más tierra encima: la que acumula el tiempo.

Muchas otras personas me precedieron en la búsqueda de sus familiares asesinados y, gracias a ellos, he podido participar, el 13 de abril de 2019, en un acto de homenaje a todos quienes fuisteis asesinados en la tapia del Cementerio del Este, en Madrid. Mi intervención, contando tu historia, fue una manera de romper el muro de silencio que te rodeaba, y de reivindicar tu honestidad y tu sacrificio: “Por una sociedad mejor luché y caí”, decías en tu carta de despedida. Espero que el memorial en el que se está trabajando, próximo al lugar donde falleciste, sea pronto una realidad que sirva para rescataros públicamente del olvido al que algunos os querían condenar.

80 años después del fin de la guerra, los familiares de las víctimas todavía seguimos luchando para rescataros del olvido en el que los herederos políticos de vuestros asesinos os pretenden mantener sepultados. No lo conseguirán. Pasaron entonces, pero esta vez no pasarán.

80 años después, seguimos en la lucha, querido abuelo Santos.

Carlos Mañes a Santos Mañes Mañes

domingo, 12 de mayo de 2019

A Saturnino Andrés



Para ti abuelo Saturnino Andrés
Madrid, 12 de mayo de 2019
Sé por mi padre que tuviste con mi abuela Enriqueta siete hijos. Mi padre, de nombre Saturnino hacía el quinto de tus hijos y yo soy su hija Cristina que hago la tercera de los seis hijos que tuvo con mi madre, de nombre Rosa.
Sé que fuiste un hombre valiente y trabajador y que luchaste por tus ideas hasta el punto de perder la vida por ellas.
Sé, por qué así me lo hizo llegar mi padre, que mi tío de nombre Avelino murió en la Cuesta de las Perdices defendiendo Madrid en 1936.  Sé que tu hijo Tomás también estuvo perseguido y preso en el Penal de Valencia por esas mismas ideas y por ser miembro de la CNT.
Sé que cuando termina la guerra un vecino te denuncia, te detienen y no vuelves a tu casa, ni con tus hijos ni con mi abuela Enriqueta que delega en mi padre para que periódicamente te lleve unos paquetes a la cárcel. Después de algunos días un hombre le dice: "Chaval, no vengas más que tu padre ya no está aquí."
A mi abuela después de tu marcha la insultan y la rompen los cristales de la puerta de la casa preguntando por tu arma. Fueron unos años muy duros para la familia.
Aunque no te conocí para mí no ha sido así, he sentido que te he querido y te he llevado dentro de mi gracias a tu hijo Saturnino, mi padre, que mientras pasaba la vida se ha acordado tantas veces de ti y te ha llorado; siempre queriendo saber qué pasó contigo, dónde estabas...
Abuelo un día mi única hija Laura, que sabe algo de la historia, me llora y me dice que te ha encontrado. Fue un momento de alegría y de rabia porque ahora por fin se puede hablar y buscarte por unas personas que luchan para que no seáis olvidados jamás en la historia de este país.
Ahora sé que te fusilaron el 2 de diciembre de 1939 y estoy intentando saber todo lo que hicieron contigo, por mi padre, que hace ya cuatro años que se fue. Pero llegaré hasta el final por todo lo que me transmitió, porque abuelo yo ni perdono ni olvido todo lo que mi padre te ha llorado.
Cristina Andrés a Saturnino Andrés

viernes, 10 de mayo de 2019

A Carlos Castejón


Carta a mi tío Carlos Castejón

Hola, tío Carlos. Soy tu sobrino-nieto, Enós-Tomás Pastrana Delgado, y soy hijo de José Delgado Álvarez, hermano de tu esposa y mi tía, Pilar Delgado Álvarez. Desde que los infectos fascistas te fusilaron por defender, a través del Cuerpo de Milicias de Vigilancia de la Retaguardia, la República, la Democracia y la Libertad, muchas cosas pasaron que te debo contar.

Ante todo, mi tía Pilar intentó, hasta el final, que te salvaras, removiendo Roma con Santiago, pero no fue posible. Después que te fusilaran y te unieras al Reino de las Luces Infinitas, la tía Pilar te siguió siendo fiel. Tanto que, unos vecinos de La Prosperidad que eran espías fascistas de Franco quisieron mantener relaciones sexuales con ella, a lo que ella se negó porque te amaba sólo a ti. Enfadados por su negativa, la amenazaron con denunciarla a las autoridades fascistas, ella se siguió negando, y como consecuencia, la violaron y asesinaron entre dos o tres franquistas de mierda, y la colgaron de una viga con un cinturón en el cuello. Supongo que ella ya está contigo desde entonces en el Reino de las Luces Infinitas, y allí, libres de toda maldad, seréis todo lo felices que no pudisteis ser aquí.

Poco después, falleció mi tío Paco un día antes de cumplir 18 años, de tuberculosis causada por el hambre. Y después lo hizo mi abuela Edelmira, tu suegra. Entre medias, mi padre se casó con mi madre en Jerez de la Frontera, tuvieron 7 hijos, tus sobrinos-nietos José Francisco, Miguel Ángel, yo (Enós-Tomás), Juan Carlos, Rafael, Luis Fernando, y María del Carmen. La verdad es que, de ti, a tus sobrinos-nietos no nos contaron mucho por no decir nada, pues hablar de ti era hablar de la muerte violenta y degradante de Pilar a manos de esos asesinos fascistas, la Dictadura era muy dura, y los niños ya se sabe que a veces se van de la lengua. Y cuando la Dictadura acabó, se pensó que para qué recuperar una historia tan dolorosa.

A mí siempre me gustó hacer Genealogía, y fui recuperando por allí y por allá datos de unos y otros. Contacté por Facebook (un sistema donde puedes encontrar a gente que hace tiempo no ves ni sabes nada de ellos) con las personas que le compraron la casona de Oviñana a la abuela Edelmira, allí me dieron una pista…y localicé a mi tía Pilar y a ti. Como no sabía nada de ti, removí archivos por todos lados hasta que llegué al archivo de tu detención, condena a muerte y fusilamiento…por “¡¡¡Auxilio a la Rebelión!!!”. Ellos, que eran los rebeldes, te asesinaron porque, al haber ganado la Guerra, consideraron por sus cojones que los rebeldes erais vosotros por no uniros a su rebelión y defender la Constitución, la Libertad, la República y la Democracia. 2 Después de investigar tu vida, te digo que me siento orgulloso de ser tu sobrino-nieto, de que dieras tu vida por defender la Libertad y la Democracia. 

Para mí, eres un ejemplo que seguir, y aunque ya no estés físicamente entre nosotros, sigues vivo en los corazones de tus sobrinos-nietos y de todos nuestros descendientes. He de informarte que, próximamente, se va a inaugurar un monumento, en el Cementerio del Este, donde te fusilaron, con los nombres de todos los que caísteis allí asesinados, mas de 3000 Héroes de la Libertad que, a partir de ahora, estaréis vivos para todos los madrileños, gracias a un grupo llamado Memoria y Libertad, que, a pesar de las presiones, el ninguneo, el boicot, etc., han conseguido hacerte justicia a ti y a todos. Al final, volvéis a la vida, porque la luz no se puede ocultar, igual que no se puede apagar el sol con un dedo, por más que el Fascismo lo intente. 

Recuerda que te quiero. Que siento a veces tu presencia y la de mi tía Pilar, sobre todo cuando pienso en todas estas cosas, y en las que habría podido aprender de haberte conocido, de haber conocido a vuestros hijos si hubierais seguido vivos…pero no hay preocupación, cuando yo también tenga que pasar, como vosotros, el Puente del Kinvat y vaya al Reino de las Luces Infinitas, tendré toda una eternidad para conocerte y amaros, y ganar todo lo perdido. Mientras tanto, recibe todo mi amor, cariño, afecto y admiración. 

Tu sobrino-nieto, que te quiere, Enós-Tomás Pastrana Delgado.

A Francisco Blázquez



A Francisco Blázquez Hernández

No te pude conocer, no nos dejaron, pero no sabes lo orgullosa que estoy de ti, de ser parte de tu familia y de tu sangre, hermano de mi querido abuelo Lorenzo.
Qué pena no haber podido hablar apenas con él sobre ti, no sé realmente si llegó a saber lo que pasaste una vez que te llevaron. Supongo que no era fácil preguntar entonces y que el dolor no le dejó contarnos más, ese dolor profundo, enterrado bajo capas de miedo y sellado por ese muro de silencio que solo podéis entender quienes vivisteis esa maldita dictadura. Ese silencio nos ha impedido conocer mejor tu historia, vuestra historia. Pero quiero que sepas lo mucho que te quería, que tu nombre sigue presente en su hijo mayor a quien bautizó en tu recuerdo, y que parte de sus últimos pensamientos fueron para ti, “mi pobre hermano, me lo han matado” nos decía, y también para vuestra madre por todo lo que ella sufrió. Quiero también que sepas que ella intentó despedirse de ti, intentó que pudieras ver a tu padre enfermo, pero no la dejaron.

Fue duro leer tu sumario, plagado de mentiras e injusticias, como leer un libro que quieres que acabe bien aunque ya sabes que al final ganan los malos.
Quizás te tengo idealizado, o quizás no y fueras tal y como te imagino, tan valiente y decidido como para luchar por defender nuestra libertad, pero tan honesto y bueno como para volver a tu pueblo, con la inocencia y tranquilidad que solo pueden tener quienes tienen su conciencia tranquila porque saben que han hecho lo correcto.

Me dijeron que tu hermana Inés te avisó de que no volvieras, sin poderte llamar hermano para que no te descubrieran. Ella sabía que iban a ir a por ti, pero regresaste porque pensabas que quien es inocente nada tiene que temer, pero siento decirte que te equivocaste, que los inocentes fueron quienes más temieron y más perdieron. Pobrecita ella también, cuanto sufrió y las cosas que tuvo que pasar. Guardo como un tesoro en mi memoria todo lo que me contó, la historia que nunca debió vivirse contada por quien la vivió.

También siento decirte que muchas cosas siguen igual, algunos de ellos están todavía aquí y muchos otros les defienden, pero quiero pensar que tu lucha, tu injusta condena y tu muerte no fueron en vano; prefiero creer que en cada paso que avanzamos, en cada pequeña batalla que ganamos, hay una parte de ti y de todas las personas que te acompañaron en aquella dolorosa derrota.

Quiero despedirme diciéndote gracias, gracias porque para mí eres historia y referente; historia que no nos han querido contar quienes debían hacerlo y referente de los que tanto cuesta encontrar hoy. Gracias por defender nuestro pueblo, nuestro barranco y nuestro Puerto del Pico, que siempre fue especial, pero que desde que conozco tu historia lo es aún más.

Esta carta la escribo yo, pero lleva una parte de cada una de las personas de mi familia, que también es la tuya.
Siempre en la historia y en nuestra memoria.


jueves, 9 de mayo de 2019

A Domingo Villalba



Hola abuelo

Soy tu nieto Juan Carlos, tengo tantas cosas que decirte en esta carta, que me  va ser difícil trasladarte estos 80 años que han pasado ya de que nos arrebatasen tu cariño, tus caricias y seguros consejos. Aprovecharé esta oportunidad que me brindan  para en estas líneas hacerte llegar una visión general de estos años pasados, en los que siempre te hemos tenido presente, tu hija y nietos y que nunca dejamos de pensar en ti.

Tu hija, tu niña, aquella a la que apenas pudiste abrazar, a la que le escribiste tu última carta, goza  en la actualidad de buena salud, cumplirá 81 este agosto. La vida no le fue sencilla, ser hija de un republicano, condenado y fusilado, son un estigma que tuvo que llevar durante demasiados años. Nada más cumplir los 2 años, la represión que por más que quieran ocultarlo o taparlo, fue su modo de operar durante toda la dictadura de aquellos que nos privaron de tu cariño.

Por motivos de esa persecución política que se ejerció, tuvieron  que marchar al pueblo, aquel en el que tu suegro Julián nació, ¿recuerdas?, se llama  Huermeces del Cerro, allí subsistieron y pudieron trabajar, algunos familiares les ayudaron durante los primeros años. El hambre hacía estragos en nuestro país y también en un pequeño pueblo de la Alta Alcarria, eran épocas muy duras y los tres, tu esposa Flora y tu hija Mercedes junto con tu suegro abrieron una casa cerrada durante décadas, Julián  se colocó de pastor de cabras, él que fue un hombre formado y de orden, la abuela, es decir, tú esposa, decía:
“el día que vi tocar el cuerno a mi padre, se me partió el corazón”. Tras 12 años de viudedad, Flora se volvió a casar a sus 34 años con un primo hermano, el cual le trató muy bien y le dio estabilidad a su situación. A los 14 años tú hija y se puso a servir en la capital, la cual conocía muy bien por las largas épocas que pasaba con tus padres.

Pasados los años se casó con mi padre, que también se llamó Julián, tuvieron dos hijos, Luis Mariano y yo, Juan Carlos. Pero la vida aún le guardaba más infortunios a tu niña, su primera hija, fallecería a los pocos meses,  y tras una enfermedad de varios años mi padre falleció y por tanto ella se quedó viuda a los 43 años. Ahora por fin vive tranquila y feliz con sus nietos e hijos.

Hace años empezamos a indagar sobre tu fusilamiento, la abuela nunca quiso contar nada, quizás el miedo la  obligó a callar. Descubrimos a un grupo de personas que como nosotros estaban intentando que no se os olvidara, que hubiera un reconocimiento, una memoria. Son ellos y nosotros,  los que hemos luchado para alzar ahora este monumento donde tú nombre y el de tus compañeros que perdurarán por siempre, desde hace años el día 14 de abril nos reunimos para desmostar al mundo que no os olvidamos.

Un beso de todos, ese que nunca te pudimos dar,  es el regalo que acompaña esta carta. 

PD: "Papa, siempre te quise y nunca te olvidé, un beso; tu hijita."

Carta a Domingo Villalba Pastrana, fusilado el 31/10/1939 en el Cementerio de la Almudena de
Madrid

miércoles, 8 de mayo de 2019

A Feliciano García


Carta a mi abuelo:


En Madrid a 7 de mayo de 2019

     Llegué a Madrid y todo era nuevo, libre, bonito, grande…..deslumbrante.
Caminaba sus calles y empezó a flotarme una pregunta en el aire, una pregunta profunda, honda, ardiente y cada vez más desesperada y mas ávida. ¿Quién fuiste? ¿Cómo eras? ¿Por qué calles paseaste? ¿Dónde viviste? ¿Cómo mirabas? ¿Cómo sonreías? ¿Qué te pasó?
La avidez de cada pregunta alimentó otra, y otra, y otra más; así hasta llegar a todas.

    Un día oí mi nombre en silencio, caminando, perfumado de pasado y limitado por las nubes de Madrid.
Era tu grito fuera del tiempo, desafiando a las décadas y clamando a la mujer a la que amabas. Mujer que tenía mí mismo nombre y era mi abuela. Supe que eras tu y que me elegias para buscarte y para encontrarte.

Hoy me veo escribiéndote ABUELO, pero nunca dejo de desafiar a los años, a la vida y a los malos, hablando pausadamente contigo. Tan a menudo lo hago, que ya formas parte de mí, sin haberte conocido.

   Y quiero darte una buena noticia. En casa todos seguimos amándote durante todos estos años. Y por fin tu nombre, quedara escrito atestiguando lo que te hicieron injustamente.
Podre pasar mis dedos por el hueco físico que formen las letras de tu nombre en una piedra. Como cada día que vivo en Madrid, respiro el aire y recibo la humedad del mismo ambiente que sirve de sepulcro a tus huesos ya deshechos.

Gracias abuelo, porque desde ti, pude terminar siendo yo.

Salud y Republica. 

Ángela de Paz a Feliciano García

Mi querida abuela Angelita

No nos llegó su carta, no quisiste que llegara. Nos quisiste limpias, sin odio, sin resentimiento alguno y pensaste que su lectura quizá nos enturbiara un poco la mirada clara que tú nos trasmitiste.
No quisiste que nos llegara.
Y en una noche como tantas, de soledad infinita, de amor infinito, de injusticia infinita, la destruiste.
Pienso mucho en esa carta, pienso mucho en tus silencios, en tu rabia sorda con los puños apretados, con los labios apretados y los ojos inundados.
Te pienso cada día y le pienso cada día.
Recuerdo cuando siendo muy niña me enseñaste el himno de Riego a escondidas y cuando me decías que cuando fuera mayor me lo contarías todo. Ni eso te dejo la vida, maldita vida.
Pero has ganado, has ganado a la injusticia, al odio, a la mala suerte, al olvido, a la vida.
Al final me enteré de todo, aunque hasta la muerte se aliara con el olvido para no  dejar que me lo contaras tú .
 Al final miramos de frente, sin odio, pero sin olvido, con la mirada limpia, como la de tus ojos grises.
Al final el abuelo Feliciano tendrá su homenaje en el lugar donde lo asesinaron y su memoria y su recuerdo vivirán siempre.
Al final también cantamos el himno de la República sin escondernos y se lo enseñé a mis hijas pensando siempre en ti.
Y al final por fin he entendido que la carta no nos llegara.

Gracias                                                                  

Marina de Paz a Ángela Benito

  



A Segundo Arribas



Cómo me hubiera gustado llamarte...

Abuelo, cómo me hubiera gustado llamarte...abuelo, tanto, tanto que hubieras terminado cansado de mí, como me hubiera gustado disfrutar de ti, cómo me hubiera gustado oírte contarme cuentos, contarme historias bonitas de tu vida, de la abuela (la abuela no quería estar sin ti no tardó en seguirte).

La familia, los más pegaditos, mujer e hijos y nieto mayor Jorge, ya sabes, están contigo, tus nietas Ana y Amor, bisnietos Pilar, Gonzalo, Blanca, incluso tu yerno Lucio (90 años), todos, los tuyos, estaremos siempre junto a ti.

Segundo Arribas Aguado, nació en Móstoles el 1 de junio de 1904. Casado con Pilar Manzano y padre de dos hijos, Pilar y Gregorio, fue gestor del Ayuntamiento de Móstoles y Vocal de la Casa del Pueblo. Era panadero y con esta profesión fue movilizado. El 18 de mayo del 1939 es detenido e ingresa en prisión por el delito de "auxilio a la rebelión". Asistió a Consejo de Guerra el 23 de mayo, siendo condenado a muerte y fusilado el 24 de junio del 1939, en las tapias del Cementerio del Este.

Cuatro líneas, cuatro datos que sólo son para identificar a una persona, hubiera querido también lo cercano, vivir contigo, pero damos gracias a todo lo que nos ha llegado, gracias a los políticos y la gente luchadora. Segundo ya estás aquí, a la vista de todos, sin hablar bajo para que no nos oigan, aquí junto a los tuyos.

...Pero a mí, cómo me hubiera gustado llamarte...abuelo

Besos y abrazos

Amor Sánchez Arribas, tu nieta

A Eudaldo Serrano




Querido hermano Eudaldo

Tu obra y tu trabajo en el pueblo de la Torre de Esteban Hambrán fueron muy valiosos. Asi fueron reconocidos por todo el pueblo.
El  tribunal asesino del enemigo también lo tuvo en cuenta y por ese resultado se vengó.
Tu recuerdo queda permanente, no es olvidado.
¿Cómo podemos olvidarlo la familia ?
Tu hermano Daniel, que no te olvida.

Daniel Serrano Recio (24 de mayo de 2019 París). 


Querido tío Eudaldo
   
Carta a Eudaldo Serrano Recio desde París el  8 de mayo de 2019


   Te escribo desde París, donde hoy, 8 de Mayo de 2019,  se celebra el Día de la Victoria sobre el nazismo.
   Esta tarde pondré flores al monumento que celebra esa victoria y homenajea  a las víctimas y héroes de la Resistencia y sacaré ante el monumento, cercano a la casa de tu hermano Daniel, mi padre, la bandera tricolor de vuestra República, la República que le fue robada a España por las fuerzas de la reacción, esos falangistas y caciques de vuestro pueblo y de toda España, aliados con las fuerzas reaccionarias del fascismo europeo y del nazismo.
   Esas flores serán también para tí y para los que defendisteis en la  Torre de Esteban Hambrán, Toledo, las conquistas del Frente Popular de febrero de 1936, porque estabais en lo cierto, teníais razón de querer establecer la justicia social por la que tanto habíais luchado desde siempre,  con los socialistas (habíais fundado una agrupación en el pueblo)  por un aumento del  jornal, por  que no se dejara en paro a los obreros, por que los niños tuvieran escuela, por que no fuera obligatorio aprender catecismo en la escuela, por que votaran las mujeres, por que hubiera un seguro en caso de enfermedad, por un teatro (el Teatro Arniches) y  un baile de las izquierdas.
   Mi padre me ha contado miles de veces vuestras hazañas, vuestro empeño, el del Frente Popular, vuestra proclamación de la República, vuestros ideales de fraternidad con la Unión Artesana, afiliada a la UGT, de cultura asequible y laica, con el baile de las izquierdas y el Teatro Arniches, que encantaron su  niñez y su adolescencia.
   He oído miles de veces, aquí en París, hablar a mi padre de los aperos de labranza, de los 40 pares de vacas  dados por el gobierno a los labradores  y jornaleros para labrar el Monte Alamín a partir de febrero de 1936, de aquellos barbechitos que se hicieron entonces y que se debían sembrar cuando estalló la sublevación, aquel mes de julio en que las derechas dejaron las mieses en las eras, sin recoger, porque esperaban la llegada de las tropas sublevadas. Mi padre me habló miles de veces de los aviones alemanes que asustaron a los pueblerinos durante todo el verano.
   Miles de veces me contó mi padre cómo el maestro admirado don Juan Antonio Moyano quitó el crucifijo de la escuela en 1931 ;  cómo sofocasteis la sublevación de los caciques,  falangistas y Acción católica y organizasteis la defensa del pueblo en julio de 1936 ;  cómo salisteis del pueblo camino  de Madrid en octubre de 1936, cuando llegaban noticias dramáticas desde las zonas ya en manos de los sublevados.
   Miles de veces mi padre contó cómo guardaste, como teniente alcalde encargado de la Reforma Agraria y de la construcción de las escuelas,  los bonos del gobierno que sobraron de la construcción de las escuelas, que en julio estaban por acabar y  cómo vino vuestro primo  Valentín Recio a la cárcel de Porlier a preguntarle por los bonos que se quedaron en la calle Covarrubias de Madrid, donde os detuvieron en  abril de 1939.
   Mi padre cuenta aún con entusiasmo, cómo te ayudaba a escribir los papeles que en invierno hacían los actores (o sea los pueblerinos y pueblerinas) del Teatro Arniches, en el que hiciste de Juan José, de Dicenta.
   La ilusión de mi padre por la música, el teatro, el cine, la lectura y su pasión por la justicia social, reivindicada también aquí, en Francia, en sus años de militancia política, reivindicación antes que nada republicana, a tí, querido tío Eudaldo, te las debe en gran parte. Con tu ejemplo se forjó parte de la personalidad de mi padre.
   Por eso te doy las gracias y no te olvido, por haber dado esa fe en la fraternidad a mi padre, para quien fuiste un hermano atento y tierno y un ejemplo,  un  ideal.
   Nunca te olvidaremos y esperamos que un día se lea tu nombre y el de los que contigo fusilaron el 6 de marzo de 1941 (algunos parientes del alcalde Pedro  Caballero Bermúdez, fusilado en Talavera) no solo en Madrid, sino también en un monumento en la plaza de tu pueblo  adonde  irán con el consejo municipal a depositar flores tricolores los niños de la Torre de Esteban Hambrán el 6 de marzo de cada año, lo que por ahora hago yo en Saint-Denis, en la placa de la Calle a las Víctimas del franquismo y el 8 de mayo ante el monumento a la Victoria de las fuerzas aliadas contra el nazismo de la Courneuve o ante monumentos de París.

¡Memoria es Democracia !
¡Viva la República !


Rose-Marie Serrano (una sobrina de Eudaldo Serrano, fusilado en Madrid el 6 de marzo de 1941)

martes, 7 de mayo de 2019

A Ricardo Agudo

Querido Ricardo

Soy su sobrina-nieta Gema, la hija de tu sobrina a la que tampoco llegaste a conocer. La nieta de tu hermana Vicenta. Te parecerá una locura, pero yo siento que te conozco desde siempre.

Me gustaría decirte tantas cosas, hay tantos recuerdos y sentimientos que se cruzan en mi mente que seguramente no sea capaz de expresarlos todos. He vivido desde pequeña con tu historia, contada por mi abuela, tu hermana y por mi madre, tu sobrina Elvira. Nunca se me ocultó el hecho de que te habían asesinado y he visto y vivido la pena y las lágrima después de tantos años, y el miedo. Tu hermana murió en el año 1993 y la misma mañana en qué murió habló de ti. Todavía recuerdo sus palabras: “Que pronto voy a ver a mi hermano y me va a decir dónde está”. Unas horas después ya estaba contigo. Todavía recuerdo su mirada antes de morir. Intentó decir algo y no la dio tiempo, el corazón se la paró pero siempre he tenido la seguridad de que era algo relacionado contigo. Ni tu madre, mi bisabuela Rosalía, ni a nadie se les permitió buscarte. Se les dejó claro que no preguntaran si no querían que los demás acabaran igual. Mi madre nació unos años después de que te asesinaran, pero recuerda perfectamente el miedo de tu madre y de tu hermana y de todos para obligarles a guardar silencio. Un silencio que pretendía hacer impunes a los criminales. Ese miedo duró muchos años.

Hace unos años le dije a mi madre que podríamos intentar saber más de ti pero el miedo que había vivido en su infancia a las represalias lo seguía llevando dentro. Todavía recuerdo a mi abuela y aún hoy lo sigue contando mi madre, que fueron a por ti porque un fascista, un malnacido dijo que no había sido suficiente, que había que vengar a los caídos del bando nacional y alguien le dijo “aquí tienes a este, a este y a este, que vayan a por ellos y te desquitas”, y entre ellos estabas tú. Tu asesinato fue producto del capricho de un criminal. El tuyo como el de todos. Alguien fue a avistarte para que te fueras porque oyó que iban a por ti y no quisiste irte, decías que tú no habías hecho nada para tener que irte, y era cierto, no habías hecho nada, pero para estos miserables no es necesario hacer nada. No puedo evitar sentir indignación, tristeza, rabia, pena. 

Al saber ahora, ochenta años después de tu asesinato, donde estás he sabido también que es posible que exista alguna esperanza de recuperar tus restos. No sé si será posible, la verdad es que ya es algo muy importante el que seas recordado. Tanto a tu madre como a tu hermana las dijeron que se olvidaran, que nunca iban a saber dónde estabas, que no existías. Y ahora, ochenta años después de tu asesinato, he sabido dónde estás. No han conseguido que dejes de existir porque siempre se te ha recordado y siempre te hemos llevado en el corazón. ¿Sabes que la novia que tenías nunca volvió a tener otro novio? Eso siempre me lo contaba mi abuela y mi madre, que tu novia no quiso a nadie más que no fueras tú. Me imagino que por el tiempo que ha pasado ya volvéis a estar juntos, al igual que estás con tu madre y con tu hermana y quiero pensar que sonreís al ver que no han conseguido lo que querían, que era borrarte de la historia.

Te quitaron la vida y querían matar también tu recuerdo, pero eso no lo han conseguido, ni lo van a conseguir. Mientras a mí me quede voz vas a ser recordado, se va a conocer tu historia. Me siento muy orgullosa de ti. Me has dejado la mejor herencia que se le puede dejar a nadie, me has dejado honestidad, bondad, valentía, humildad, capacidad para sentir las injusticias y no callar ante ellas, entender que hay cosas en la vida que no se pueden ni se deben olvidar y que no existe el tiempo cuando se trata de hacer justica y que no dejar que caigas ni tú ni todos los que han sufrido y caído por la barbarie fascista en el olvido, es también justicia. Se os debe a ti y a todos los que han sido asesinados tan injustamente y tan cruelmente el recuerdo y el reconocimiento. Se os debe justicia. Nunca serás olvidado. Te quiero.

Gema Ruiz a Ricardo Agudo

A Filiberto Agudo


Querido tío-bisabuelo Filiberto

 Aunque no te he conocido, ya sabrás quien soy. Soy tu sobrina-bisnieta Gema. He llegado hasta ti de una manera que ni siquiera me explico. Buscando a tu sobrino, mi tío-abuelo Ricardo, me he encontrado con que fuiste asesinado junto a él. Si ya me ha resultado difícil expresar todo lo que siento conociendo la historia o lo que me han podido contar de ella, de tu sobrino Ricardo, puedes imaginarte lo difícil que está siendo escribir esta carta. Buscando a uno, me he encontrado con dos y la verdad es que han aumentado mi tristeza, mi rabia y mi pena. 

Alguna vez escuché tu nombre y supe que te habían matado, pero el silencio impuesto ha sido tan canalla que apenas se nada, pero eso no me ha impedido sentir este cariño y respeto hacia ti. Solo sé que estabas en Madrid trabajando, que te detuvieron fruto del capricho de un fascista al igual que a tu sobrino y que te asesinaron sin razón ni motivo, como a todas la víctimas del genocidio fascista. 

Se me ha encogido el corazón al ver que os perdieron a los dos juntos. Que mi bisabuelo y mi bisabuela perdieron a su hijo al tiempo que él perdía a su hermano y ella a su cuñado. Que mi abuela perdió a su hermano y a su tío al mismo tiempo. Conservo, después de haberte encontrado, la esperanza de también poder recuperarte. Aunque ya con saber que se te recuerda, me hace brotar una sonrisa porque no han conseguido que se te olvide. 

Ochenta años tío-bisabuelo y aquí estoy tratando de que tu nombre, el de Ricardo y el de todos los demás no se borre, que se recuerde, que de alguna manera se haga justicia, aunque sea no dejando a los criminales conseguir borrar y manipular la historia a su antojo. No se puede ni se debe olvidar quienes fuisteis y la manera tan mezquina en que os quitaron la vida y en que destrozaron a vuestras familias.

Me reconforta saber que después de tantos años hay personas que siguen luchando por mantener vivo vuestro recuerdo y por que se haga justicia. Gracias por el ejemplo que significas y que significáis todos. Nunca serás olvidado. Te quiero.

Gema Ruiz a Filiberto Agudo

A Anastasio Moreno


Querido Anastasio, bisabuelo

No nos conocemos -de hecho ni siquiera conociste a mi madre- soy tu bisnieta, y aunque te parecerá una locura, te siento muy querido y muy cercano a mí, como un aliento soplándome en el cogote. Desde pequeña, el secreto que rodeaba a tu persona y tu triste final despertaron en mí admiración y curiosidad. A eso se añadió el cariño que siempre sentí por mi abuelo, tu hijo, uno de los mayores premios que me ha dado la vida, y la promesa que le hice de reivindicar siempre tu figura para que tu nombre no quedara en el olvido.Muchas veces fantaseo pensando cómo habría sido la vida de mi familia si tu final hubiera sido otro. Sospecho que, de no haber vivido ese infierno, el carácter de mi abuelo -osco y recio, callado-, habría sido otro. Yo no  me puedo quejar, lo conocí en su buena etapa, cuando, a pesar de que su trauma no había desaparecido, la proximidad a la meta habiendo sorteado tantos obstáculos le proporcionó un cierto sosiego. Pero la vida junto a él no debió de ser siempre fácil, demasiado amargura y sufrimiento. Fue uno  de tantos damnificados por el odio, la barbarie y la sinrazón a los que la intensidad del dolor, la imposibilidad de desahogo y la tortura del silencio convirtieron en un trasunto de ellos mismos, sufrientes actores de una vida falsa.
Si recuerdas, en tu carta de despedida desde Porlier le dabas una serie de consejos de cómo debía encauzar su vida,  pues eras consciente de que con 16 años, huérfano de padre y madre, se convertía en cabeza de familia. Bien, en lo más importante te hizo caso: escogió la mejor esposa posible. Sin duda, justicia poética, ¡después de tantas penas, por fin la vida le tenía reservado algo realmente bueno! Encontró a la mejor compañera de viaje, la mejor madre, una excelente persona con la fortaleza, el optimismo y serenidad que a él le faltaban y que tanto le ayudó. Y aunque, repito,  no siempre fue fácil, apenas pudo sobrevivirla un año. Siempre estuvieron juntos.Afortunadamente, le dio tiempo a vivir la recuperación de tu figura por parte de la agrupación socialista de Galapagar que tú mismo fundaste y gracias a la cual yo me he introducido en grupos de memoria histórica. Te reivindican como líder y te admiran. Cada año, celebran unas jornadas culturales que llevan tu nombre, y te rinden homenaje, a ti y a tus compañeros concejales también fusilados, junto a tus restos en el cementerio de Galapagar, en torno al 19 de febrero (fecha de los asesinatos).  No sé si sabrás del auténtico suplicio que pasó hasta que pudo llevar tus restos allí, a tu pueblo. Fue emocionalmente durísimo, pero lo consiguió y compró el terreno de tu sepultura y el de al lado ("el chalecito", lo llamábamos). Los malos no os dejaron estar juntos en vida, pero afortunadamente no han podido evitar que descanséis el uno junto al otro por toda la eternidad.  
En un pleno votaron que os dedicarían, a ti y a tus compañeros una calle o plaza. No lo han cumplido. Ya me lo decía tu hijo, Anastasio,  "hija, no te hagas ilusiones, esa gente es muy mala. No lo van a consentir". Y tenía razón. Murió sin ver la calle ni el monumento en el antiguo Cementerio del Este, en la funesta tapia donde respirasteis por última vez. Y veremos a ver si lo conseguimos. Me siento inexplicablemente unida a los familiares de otros fallecidos. Me ayudan mucho, me hacen sentirme más cerca de ti y son los que se están preocupando por conseguir ese monumento con todos vuestros nombres.
Cada acto al que acudo es una catarsis para mí. Esta misma carta también lo es.  ¡Me hubiera gustado tanto conocerte mejor! ¡Sospecho que podía haber aprendido tanto de ti! En cualquier caso, me siento muy orgullosa de llevar algo de tus genes. Me hace ser mejor.
Hasta siempre

Madrid, abril 2019